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El hombre
Cuando un apellido se convierte en marca, entra dentro de la historia. Lo relevante es el símbolo en el que se convierte, fruto del reconocimiento, permanencia y reflejo de su adaptación al mundo. Citroën entró en la historia en 1919. Cerca de 90 años después, la Marca acompaña los grandes movimientos de la sociedad, dentro de sus corrientes más diversas, en sus acontecimientos más cotidianos, en sus sueños más locos...
Visionario, André Citroën es sin duda una de las grandes figuras del siglo XX. Audaz, intuitivo, anticipado a su tiempo, dotado de un sentido admirable para la comunicación. Este hombre extraordinario, enamorado de la acción y la aventura, fue parte del origen del progreso social, económico, tecnológico y cultural de su época. A finales de los años 20 estaba construyendo uno de los imperios industriales más grande e innovador.
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Hijo de un diamantero holandés, Lévie Citroën, y de una polaca, Macha Kleinan, André Gustave Citroën nació el 5 de febrero de 1878 en París.
Huérfano de padre a los 6 años, André Gustave fue educado por su madre, quien se hizo cargo del negocio de los diamantes y piedras preciosas de su marido.
A los diez años descubre a Julio Verne, del que se vuelve un asiduo lector. Encuentra en su obra los grandes principios que marcarán su vida: espíritu de innovación, competitividad, búsqueda permanente del progreso y fascinación por la investigación científica.
La edificación de la Torre Eiffel para la Exposición Universal de 1889 es el segundo acontecimiento que decidirá la orientación del joven: será ingeniero.
En 1898, con 20 años, Citroën es admitido en el Politécnico y sale en 1900, cuando ya presentía que ese principio del siglo XX sería la época de todos los desafíos industriales.
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A los 22 años, cuando se encontraba de viaje en Polonia, descubre por casualidad un procedimiento de engranajes en forma de “chevron”. En seguida comprende que si consigue traspasarlo al acero, abrirá grandes posibilidades, por lo que se decide a comprar la patente. Es el principio de una de las más grandes aventuras de los tiempos modernos.
André Citroën era impaciente por naturaleza. En 1902 apuesta todo lo que poseía por su descubrimiento polaco: los chevrones. En 1906, Automóviles Mors, célebre por haber roto el récord de velocidad a principios de siglo, le nombra administrador director general. André Citroën reorganiza los talleres y define los nuevos modelos de esta compañía. En diez años duplica la producción anual de Mors.
En 1912 se crea la sociedad de engranaje Citroën-Hinstin que se convertirá en la sociedad anónima de engranajes Citroën.
André Citroën también es presidente de la cámara sindical del automóvil. El mismo año, con motivo de un viaje a Estados Unidos, visita las fábricas de Henry Ford y observa con atención la organización de los talleres.
El 27 de mayo de 1914 se casa con Georgina Bingen, hija de un banquero. Dos meses más tarde, estalla la guerra. André es capitán del 2º Regimiento de artillería pesada del 4º Ejército. Hacían falta granadas. André Citroën le propone al Ministerio de la Guerra pasar a fabricar, en un plazo de 3 ó 4 meses, de 5.000 a 10.000 granadas al día. Instala en seguida una nueva fábrica extremadamente moderna sobre 15 hectáreas en el barrio de Javel. Los métodos de producción siguen los criterios establecidos por Frederick Taylor. El 11 de noviembre de 1918 la fábrica Citroën fabrica más de veinticuatro millones de granadas.
Su formidable capacidad de organización y liderazgo le sirvieron para ser consultado frecuentemente por el gobierno. En 1917 reorganiza el abastecimiento de las fábricas de guerra y organiza los servicios postales militares. En 1918 hará distribuir, en veinticuatro horas, las cartillas de racionamiento en la región parisina.
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Acabada la guerra, la fábrica de Javel es readaptada. Se fabricará un modelo único de automóvil y, por primera vez en Europa, en gran serie, con el fin de reducir el precio y hacerlo accesible a un número más grande de público. La fábrica era un modelo de organización, estaba dotada de equipos sociales de vanguardia.
Sin embargo, excepto sus fábricas, André Citroën no poseía nada. El dinero no le interesaba personalmente, era sólo un medio para llevar a cabo sus actividades.
A principios de los años 30 habrá cumplido la mayor parte de sus sueños de gran conquistador industrial. Sin embargo, no se salva de la crisis económica. En 1934 arrastra problemas financieros. Los hermanos Michelin toman una participación en las fábricas Citroën a petición de los bancos. Su nuevo desafío, el lanzamiento de la Tracción delantera, no le salvará de la quiebra. Enfermo de cáncer, André Citroën muere el 3 de julio de 1935. Reposa en el cementerio de Montparnasse.
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